LAS SENDAS DEL ALMA

Salvador Alonso muestra en el claustro y la Iglesia del Colegio Mayor Universitario de  San Agustín, de Santiago de Compostela, una exposición que aúna esculturas, prosa poética, poesía,  e intuiciones del Alma.

Un espacio sagrado y su antesala, el Alma y el cuerpo humano.  Inmateria perimetrada por materia y a la vez impregnada de ella.  Lo trascendente que se imbrica en lo impermanente. La Conciencia que interpenetra sutilmente el mundo de las formas, las vivifica, las anima, en su viaje, en su experiencia por la materia. 

Una exposición que oscila entre la capacidad de elevación y auto soporte derivadas de la tensión sostenida, de la potencial energía aplicada a los metales, por la mano humana, ultima herramienta creadora, y la estabilidad y solidez de cuerpos más rígidos como el gres y el alabastro. Entre ambas se establecen diálogos de formas sinuosas, orgánicas, torsiones de formas y espacios vacíos recreados, luces y sombras, metáforas de los viajes de las almas a través de sus incontables mundos de experiencia.

El Alma Humana, esencia de lo que somos, transita, en su devenir por el vacío y la materia, por lo inmanifiesto, y lo manifestado, por el silencio y la vibración, latiendo sutilmente entre esos mundos informes y de formas.

Materia en tensión por energía, conceptos universales y preguntas personales, prosas poéticas y pequeños versos que ilustran modos diversos de mirar a fondos y formas , a las siluetas y al mundo interior. Lo externo y lo interno, lo revelado y lo oculto,  siempre presentes y vivos  en cada testigo. Observadores que, con su sola mirada y su simple presencia, cambian lo observado. Realidad transformada tras la toma de conciencia.

La pregunta, como un sutil darse cuenta de uno mismo, siempre más importante, más universal, sugestiva, indefinida, imprecisa y abierta, que sus posibles respuestas. También lo es así   la intuición, versus el silogismo, el susurro que se escucha en medio del silencio de la mente, la percepción subjetiva, el eterno presente, a los tiempos de la acción y de las prisas, la certeza del saber por la experiencia, frente a la incertidumbre del suponer, del esperar y de incluso “no saber que no se sabe” .

La escultura, la materia es la escusa, lo que atrae y te invita a ver, a rodear, a pasear alrededor del espacio que domina.    La poesía y lo que ella te sugiere, solo a ti, te invita, a asomarte y mirar a tu abismo interior, a tu desconocido yo, donde el alma transita en las sendas de esta vida.

“Ama y haz lo que quieras” , son palabras de  San Agustín. El eterno propósito del viaje del alma por sus sendas. Aprender, saber Amar.